“No lloro, pero sí que pego”

No es una enfermedad, ni una cuestión de edad, educación, religión, clase social, grupo étnico o de país… es un problema global que tiene que ver con la cultura del “macho”.

Esto fue lo primero que le aclararon a BBC Mundo cinco especialistas europeos cuando se sentaron en una sala de reuniones en Barcelona, España, para hablar sobre el maltratador; sobre ese hombre que domina de tal manera a su pareja que durante muchos años puede agredirla una y otra vez, de forma psicológica o física, sin que la mujer haga algo.

En España, la violencia de género ocupa en buena medida las agendas de los institutos de bienestar social de los ayuntamientos.

Sin embargo, cada semana se escucha por los noticieros cómo el número de mujeres asesinadas por sus parejas va en aumento.

Existen centenares de centros de ayuda para la mujer, pero no ha sido sino hasta hace unos años que se empezaron a abrir asociaciones o a realizar terapias para el maltratador.

“El punto es que, estadísticamente, la mujer corre más riesgo de ser asesinada por su pareja que por un extraño”, explica la especialista austríaca Rosa Logar, del Centro de Intervención contra la Violencia en la Familia de Viena/Wien, quien está sentada en una de las esquinas de la mesa rectangular.

El “héroe” en acción

¿Por qué? ¿Qué hace que tantos hombres levanten la mano contra esa compañera de vida?

En la “cultura de la violencia” el papel del hombre duro, fuerte, agresivo, dominador, que no demuestra sus sentimientos y hace pocos gestos de cariño, “está reforzado por los medios de comunicación, por la películas de Hollywood. Si ves los filmes de vaqueros, de ex combatientes de guerra, de acción, verás una foto del hombre violento”, agrega desde otra de las esquinas Cyril Dully, del centro irlandés MOVE (Men Overcoming Violence).

Este “macho”, héroe de las películas de acción, cuando llega a la casa, lo que busca es que se le respete a través de la sumisión. Quiere que todo esté en orden.

Desde la cabecera de la mesa de reuniones Heinrich Geldschläger, del Instituto de Reinserción Social (IRES) en Barcelona, España, aclara que existen casos en que esa agresión es potenciada por el alcohol o por las drogas.

“También te dicen que la del problema es ella, ‘que está loca y me provoca’… desgraciadamente ése es el discurso que te dan”.

El alemán Stefan Beckmann, del centro Dissens de Berlín interrumpe a su colega para subrayar que lo que busca el maltratador es “dominar y explotar a la mujer. Lo que quiere es crear una relación de dominio donde los demás (porque incluye a los hijos) vivan con miedo”.

Varios perfiles

“En realidad no hay un perfil único del hombre violento”, explica el especialista irlandés. Aunque el terapeuta alemán agrega que “se podría decir que el individuo tiene poca autoestima y por eso crea la agresión”.

Según los especialistas, también puede haber frustración porque el hombre no ha logrado crear esa imagen del macho, masculino que le venden los medios de comunicación.

“Es la imagen del más en todo: el de la mujer más guapa, el de la familia más perfecta, el mejor trabajo… todo perfecto y esto es imposible, lo que genera frustraciones”, explica Geldschläger.

Éste es uno de los motivos sociales, pero el especialista irlandés resalta el aspecto emocional. “Estos hombres se exigen estar en control de sus emociones, nunca se permiten sentirse a un lado, estar vulnerables o tristes. Pero esto les ocurre y cuando no logran sobreponerse a ello, entonces viene la violencia”.

“No es aceptable el no saber qué hacer, pero sí que es aceptable (para ellos) ser agresivos… y lo que más preocupa es que a corto plazo esto funciona, porque acaba con la discusión y psicológicamente los deja más tranquilos¿pero sólo a corto plazo”, concluye Geldschläger.

Ritmos distintos

Pero, ¿esto debería ser diferente ahora que hay más campañas de concienciación, ahora que la mujer es más independiente? “La sociedad cambia, sí, y la leyes también cambian; pero el cambio de la sociedad va más lento que el de las legislaciones, va por detrás”, responde el austríaco Heinrich Graus, quien trabaja en la consultoría para hombres Männerberatung de Viena.

“Por eso es tan importante trabajar con los hombres”, interviene Rosa Logar, quien tiene 25 años de experiencia y comenta con tristeza que le ha tocado tratar a tres generaciones de una misma familia. “Trabajar con el maltratador es un fenómeno nuevo”, agrega.

¿Qué es lo que hacen? ¿Cómo reforman a un agresor? Lo más importante para los especialistas es que el hombre que acude a la terapia, lo haga de forma voluntaria, sólo así podrá empezar a asumir la responsabilidad de sus actos; porque allí esta la clave, en responsabilizarse de los gritos, de los acosos por teléfono, de los insultos, de los moretones y de las fracturas de huesos.

“Al principio no asumen esa responsabilidad, pero sí que reconocen los hechos, y lo que intentamos hacer es, desde su relato, deconstruir las excusas que te dan”, explica Geldschläger.

Una de esas excusas típicas es la del hombre que ha tenido un día difícil en el trabajo, el jefe le ha molestado en diversas ocasiones y… “cuando llego a la casa, ¡ella no tiene la cena lista!” y explota.

“Con este caso lo que hacemos es que vemos con él cómo durante las ocho horas que estuvo en su trabajo sí que se supo controlar. Entonces tiene que darse cuenta que no es una cuestión de que no se sepa controlar en general, sino que se descontrola en su casa”, comenta el especialista del centro IRES.

Tiempo fuera

Durante la terapias se hacen varios ejercicios en el que el hombre se pone en la piel de la víctima, de esta manera empiezan a entender a sus parejas porque “algunos hombres les cuesta ver a la mujer como otro ser, las conceptualizan como un objeto y les cuesta ver que la pareja es otro equivalente, diferente, pero igualmente válido”, explica el Geldschläger.

Otro de los trabajos que se realizan durante la terapia es enseñar al maltratador a detectar los episodios de violencia, que los vean venir cuando esa rabia o esa ira la empiezan a sentir desde sus entrañas, cuando el tono de la voz empieza a subir o el puño de la mano a cerrarse.

“Ese es el momento del ‘Time out’ (tiempo fuera), en el que el hombre debe dejar la discusión y salir para tranquilizarse”, agrega Graus.

“Pero luego debe haber un compromiso para que el hombre hable sobre el problema”, interviene Geldschläger, “porque es importante que el maltratador aprenda a resolver los conflictos. Algunos intentan evitarlos y esto -además de ser imposible- es contraproducente”.

Los hombres también lloran

En definitiva, el maltratador debe aprender -según los especialistas- a respetar a la mujer, entender que su pareja es eso: una igual con características distintas que será su compañera durante un período de tiempo.

Además hay que aprender que esta “cultura del macho” sólo debería existir en las películas, debido a que el hombre, como humano que es también tiene sentimientos, puede reír, llorar o sentirse vulnerable y tiene derecho a mostrar sus emociones no violentas.

Los expertos también son enfáticos cuando explican que siempre se producirán conflictos en una relación. Esto no se puede evitar, pero lo que sí se puede controlar son los insultos y los golpes, pues hay que aprender a gestionar esos conflictos, saber cómo solucionarlos sin llegar a las manos.

“Hay que romper con el círculo vicioso de la violencia en el que el hombre comete una agresión, se arrepiente, promete que todo va a cambiar, pasa por un período de buena conducta de regalos y de mimos a su pareja, hasta que vuelven las tensiones y comete una nueva agresión”, cierra Geldschläger.

Fuente: BBCMUNDO.com

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